Un diciembre distinto, con un poco menos de prisa y un poco más de calma, entre recuerdos de Laponia, calendarios y aire de comienzo de año.

Diciembre siempre me ha parecido un mes un poco raro.
Por un lado están las luces, los villancicos, las ganas de cerrar el año “bonito”. Por otro, la sensación de que todo se acelera: trabajo, estudios, coles, reuniones, compras, prisas, compromisos, cansancio acumulado…

Este año, además de todo lo de fuera, siento también todo lo que ha pasado por dentro: las oposiciones, los cambios, las decisiones, los días buenos y los días que han pesado más de la cuenta. Y en medio de todo eso, llega diciembre, llamando a la puerta como si nada.

Hace unas semanas me di cuenta de que, si no ponía un freno consciente, el mes podía convertirse fácilmente en una carrera de obstáculos. Así que decidí hacer un pequeño experimento conmigo misma: pensar diciembre en clave de calma. No una calma de cuento perfecto (porque la vida no es eso), pero sí “un día, una cosa a la vez”.

De ahí salió la frase que me acompaña este mes:

Diciembre en calma: un día, una cosa a la vez.

La he escrito en mi cuaderno, la he pegado en la pared de mi escritorio y, al final, ha terminado colándose también en los materiales que he estado preparando estos días.

Un pedacito de Laponia en el calendario

Revisando fotos antiguas, encontré algunas de un viaje a Laponia que hice con mi hijo cuando era pequeño. Casitas cubiertas de nieve, árboles blancos, cielos muy claros y esa mezcla de frío y magia que solo se vive una vez y se recuerda siempre.

Me hizo ilusión convertir una de esas fotos en el fondo del calendario de diciembre de este año: una casita totalmente nevada que parece sacada de un cuento. Y, casi sin querer, acabó apareciendo también otra versión con un bosque muy blanco y más frío, que yo llamo mentalmente “modo Grinch”, para quienes viven la Navidad con menos purpurina y más silencio.

Mientras maquetaba los calendarios pensé que, más que llenar el mes de tareas, lo que necesitaba era un espacio para poner nombre a las cosas importantes y, al mismo tiempo, dejar hueco para descansar. Por eso añadí una hoja extra que he llamado “Diciembre en calma”, con tres bloques muy sencillos: momentos importantes, tareas de última hora y cuidarme este mes.

No es nada sofisticado, pero a mí me ayuda a visualizar que diciembre no son solo cosas por hacer, sino también momentos por vivir y ratitos para respirar.

Mirar hacia 2026 sin prisas

En paralelo, he preparado también un plan anual de 2026 en una sola hoja. No tanto para llenarlo de objetivos desde ya, sino para tener una especie de mapa vacío donde ir colocando poco a poco lo que venga: exámenes, proyectos, vacaciones, descansos.

Me gusta ver el año así, de un vistazo, como quien abre un mapa antes de decidir por dónde prefiere caminar. Supongo que tiene que ver con esa necesidad de ordenar un poco por fuera para poder ordenar algo por dentro.

Lo que me gustaría recordar de este mes

Si algo quiero llevarme de este diciembre es la sensación de que, aunque la lista de cosas pendientes nunca se acaba, yo sí puedo elegir el ritmo con el que las vivo. Que no pasa nada por dejar espacios en blanco, por decir que no a algunas cosas o por parar un poco antes de llegar al límite.

Al final, la frase que escribí para el calendario y la hoja extra es, en realidad, un recordatorio para mí misma:

No hace falta hacer diez cosas a la vez. Hoy, solo una. Mañana, ya veremos.

He dejado los calendarios y el plan anual en la sección de recursos de la web, por si a alguien más le apetece imprimirlos y hacer su propia versión de “diciembre en calma”. Pero, sobre todo, me los quedo como excusa para mirarme el mes con un poco más de cariño y un poco menos deprisa.

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